Fabula del burro y el oso
Danilo Albero Vergara escritor argentino
Literatura, relatos, ensayos literarios, literatura latinoamerica

El primer contacto que tuve con la fábula del burro disfrazado de león fue en el curso de Latin I, en la secundaria. Empezaba: "Asinus leonis pelle indutus per campos currebat. Hoc spectaculum bestias turbat et homines terret; mulieres et pueri fugiunt..." (Un asno vestido con piel de león...). Asnal broma cuyo resultado fue que los humanos huyeran despavoridos pero: "At subito auris ingens", de improviso, apareció una enorme oreja por debajo de la piel leonina y revela el fraude. Las víctimas, indignadas, muelen a palos al bromista y lo encierran en un establo.

El relato pervivió en mi memoria porque era lo contrario a la metáfora del lobo en la piel de cordero; en este caso, es un débil que desea hacerse pasar por poderoso y fracasa en el intento; un fásmido artificial fallido que muestra cómo la imagen del burro se asocia con la carencia de inteligencia. Ovidio y Esopo harán otro tanto: el primero en Metamorfosis con las orejas de asno del rey Midas; el segundo en varias de sus fábulas. Están además las desopilantes desventuras de Lucio metamorfoseado en asno en la novela El asno de oro de Apuleyo que le da más inri, todavía, a los burros. La única visión literaria reivindicatoria del vapuleado cuadrúpedo en literatura es Platero y yo, pero es una novela lírica bastante pavota.

Dentro de los relatos que aluden a osos, recuerdo al pedagogo Baloo de El libro de la selva de Rudyard Kipling y la historia del peluche Teddy Bear, que lo involucra a Theorore Roosevelt –oxímoron de imperialista y ecologista, mentor de la política del big stick y de parques y reservas naturales–; también "el abrazo del oso", mientras no te lo de Vladimir Putin porque puede tener polonio. No tengo mayores referencias de fábulas cuyos protagonistas sean osos, solamente L'ours et l'amateur de jardins (El oso y el jardinero) de Lafontaine, que tampoco deja bien parados a los plantígrados. Es la historia de un oso bobo que hace amistad con un jardinero y se dedica a espantarle moscas e insectos alados. Un día, cuando el floricultor duerme la siesta, un mosquito intenta picarle la nariz; fracasado su intento de ahuyentarlo, al oso se le ocurre matarlo con un adoquín que estrella sobre el insecto y la cabeza del jardinero, con resultados previsibles que aparecen en la moraleja: "Rien n'est si dangereux qu'un ignorant ami; mieux vaudrait un sage ennemi." (Nada es más peligroso que un amigo ignorante, mejor valdría un enemigo sabio). De esta fábula deriva la expresión francesa le pavé de lóurs (el adoquín del oso) que alude a una ayuda o elogio de un amigo ignorante que sólo redunda en perjuicio o daño para quien la recibe.

Las reflexiones sobre fábulas me acudieron por dos noticias ligadas al reino animal que leí. La primera: la investigación de un académico que, luego de tres años de pesquisas, actualizó la historia de dos burros que le regaló Carlos II a George Washington, de los cuales uno, Royal Gift, llegó vivo a Estados Unidos. George Washington estuvo muy interesado en innovar técnicas agropecuarias y uno de sus propósitos fue la cría de mulos –cruza de un burro con una yegua, de allí deriva el término mulato– que, hasta la aparición de máquinas movidas a vapor y motores de combustión interna, eran una de las maneras de obtener fuerza motriz para trabajos pesados o como medio de transporte y carga. Infelizmente para George Washington, Royal Gift no era tan rijoso como su par ficcional Lucio cuando devino asno –lujuria que despertó furores eróticos en una patricia de la novela que devino en su amante– y no sentía mucha afición por las yeguas. A falta de viagra asnal, el recurso de George Washington fue presentarle un par de burras seductoras y vendarle los ojos para engañarlo con una yegua. El docto investigador, cuya reseña leí en un diario, aclaró que el burro en cuestión era de la raza zamaroleonesa, en peligro de extinción, y, sin que nadie se lo pidiera, aclaró que era la primera versión documentada del hecho, rescatándola de la simple anécdota. Bouvard y Pécouchet no lo habrían hecho tan afiatado.

La otra noticia, ligada con fábulas y relatos con animales, habla de una inminente cumbre entre España y Francia a causa de los desmanes de Claverina, una osa eslovena asilada en la zona de Béarn en los Pirineos, vecina a Navarra. Claverina y una compatriota amiga fueron traídas para ser las prometidas de los dos únicos osos machos –célibes– de la zona, con la intención de repoblarla. En su nuevo hogar y a la espera de encontrarse con su Romeo, Claverina descubrió que la dieta de ovejas navarras es uno de sus platos favoritos. Como en la unión europea no exigen documentación para cruzar dentro de los países integrantes, a la hora del almuerzo cruzaba la frontera. Los pastores navarros que, ante la ausencia de predadores criaban sus ovejas en libertad, han visto que la ladina Claverina se movía con la felicidad de un zorro en un gallinero –valga la comparación zoológica– y además de tomar todas las medidas "políticamente correctas" –alarmas, alambres electrificados–, porque ni hablar de darle caza, habían pedido una binacional cumbre plantígrada con las autoridades de Béarn.

El hombre, desde la antigüedad más remota, ha modificado y deteriorado la naturaleza en su propio provecho; los osos, entre otros carnívoros, han sido exterminados en aras del "progreso" –un viejo proverbio reza "no vendas la piel del oso antes de cazarlo"–. Ahora, mentalidades "progres" intentan hacer un da capo ecológico y retornar a la edad de oro de un pasado que siempre fue mejor. Clavelina sigue manducando ovejas, los pastores navarros ven peligrar su modo de vida: la fuente de proteínas que provee la zona se ve amenazada así como la de lana, fibra textil ecológica. La solución: ¿cercar la zona para defender a las ovejas? ¿Y Claverina, su Romeo y los oseznos? ¿Dejarlos morir de hambre? ¿Darle su ración de carne de oveja? ¿Intentar cambiarles la dieta por derivados de soja?

Mientras tanto, parte de la humanidad muere de hambre o se ahoga intentando cruzar el Mediterráneo en busca de una vida mejor o, frustrados sus intentos de ingreso, languidece rodeada de alambradas en un limbo apátrida. La historia de Royal Gift que deviene libro o los desmanes de Claverina que motivará una cumbre, historias cuyos desenlaces futuros son dignos del oso de la fábula de La Fontaine; contadas con el desparpajo de Lucio, el asno de oro.





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