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DaniloAlberoVergara 5/15/2024 6:59:14 AM
DaniloAlberoVergara
Zhuzh y Mac Guffin
Danilo Albero Vergara Escritor argentino
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Tags literatura literatura hispanoamericana escritores latinoamericanos literatura latinoamericana Danilo Albero Vergara escritor argentino ensayos literarios novelas argentinas
 
Literatura latinoamericana, ensayos literarios, relatos, literatura hispanoamericana
 

La última Feria del Libro –la 48, 2024– me reveló, en la práctica, el valor de dos palabras; una nueva recibida por, el boletín de Merriam Webster, y otra conocida, acuñada por Hitchcock, pero relegada.

Así, para la última mesa de la Feria del Libro que asistí, para recuperar hábitos cuasi olvidados, tomé coraje y, old habits die hard, vestí traje y corbata. O tempora, o mores, hasta la Feria previa al Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio -uno de los más largos del mundo, no se puede obviar el detalle-, tenía el hábito de ir a los actos con traje y corbata, en su defecto ambo y corbata. Ahora, antes de salir la Bella me previno que los tiempos habían cambiado desde el 2019, era bueno tenerlo presente, porque me sentiría sapo de otro pozo.

Cuánta razón tuvo Leguizamón, más que sapo de otro pozo resulté sapo de otro poso. Ya en el olvidable encuentro al que acudí, para sentirme tan incómodo como si fuera Arlequín en un velorio, pensé en costumbres y gentes desaparecidas.

La mitad de mis amigos fallecidos fueron víctimas de cáncer, é melhor nascer sob o signo de câncer que morrer de caranguejo, reflexionó Daniel, amigo librero de Belo Horizonte. La otra mitad se tiró de ventanas, terrazas o balcones. Nadie optó por las vías del tren, tampoco por la salida à la Hemingway contada en To Have and Have not, que mereció el elogio de una reseña de Borges en El Hogar. De reencontrarnos hoy, vivos y muertos, coincidiríamos en que también nuestros protocolos de elegancia y de cortesía están desapareciendo. Daniel, hace años, abordó la barca de Caronte a causa de otro cangrejo, el del zodíaco, el cangrejo de hierro, el del bobo, al que alude Darko Kerim en De Rusia con amor.

Hasta el año anterior al Aislamiento mantuve la feliz costumbre de la primaria: zapatos lustrados; si son de gamuza: bien cepillados. Pero hoy no es frecuente ver zapatos lustrados desplazándose por nuestras aceras; menos, zapatos. Zapatillas en invierno y verano, abominables ojotas y crocs en verano, los están arrinconando. Camisas planchadas, cuellos con ballenitas y corbatas, tienen su reserva ecológica en oficinas de abogados o lugares per se formales: embajadas, ciertas reparticiones públicas o empresas internacionales. Para ver estas especies en extinción, de lunes a jueves; porque ahora tenemos los casual fridays. De gemelos y prendedores de corbata, ni hablar. Las corbatas palomita, relegadas para presentadores de televisión que posan de elegantes, y sólo de las que vienen con el nudo hecho. Hasta el 2018 había una tienda en la calle San Martín -también fenecida- todavía se conseguían las originales, para hacerles el nudo.

Tengo el ropero con ambos y trajes al borde de la obsolescencia, como las armaduras cuando se creó el arcabuz y, al igual que ellas, sólo se usan para desfiles conmemorativos o nostalgias caducas. No he perdido el hábito de hacer que a la ropa de confección, Elisabeth, la modista de la calle Thames, le haga modificaciones. Los bolsillos del pantalón más profundos protegen del mester de carteristas. Ya Quevedo advirtió del modus operandi de la hermandad de los dedos ágiles por aquello de: “meter bastos para sacar oros”, metáfora más simple que el teorema de Pitágoras; oros, o bastos, dineros rapiñados, por dedos índice y corazón; estirados al máximo, permiten al carterista chorear una billetera en segundos. Además, bolsillos holgados tienen otra ventaja, portar elementos que acostumbro: estilográfica, pañuelos recién planchados y, en el destinado a los cigarrillos, de papel, imprescindibles ante cualquier derrame de la estilográfica al momento de usarla.

Así aparejado, en vez de llevar la parafernalia en el bolso de hombro, me presenté en la mesa de la Feria, de acuerdo a la definición de zhuzh del Merriam Webster “mejorar un sabor o apariencia mediante un pequeño arreglo, ajuste o adición”. Primera frustración. Porque el neologismo tiene rancio abolengo que rastreé en la Web.

Es un término de jerga bastante reciente, el registro inicial data de mediados de los ’60, originado en algunas comunidades homosexuales en el Reino Unido, y era utilizado en el sentido de “mejorar el aspecto de la ropa o atuendo personal”; décadas después ya se ha difundido en otros ghettos hasta ser registrado en 2024 por el Merriam Webster.

Las etimologías de zhuzh, como ocurre con la mayoría de los términos de las jergas, son difusas y múltiples: puede ser puramente onomatopéyico, representando el sonido de alguien que se apresura -escribo estas líneas y agrego información de mi cosecha: “probablemente originada en el nombre del logo de Nike, swoosh”-; puede provenir del polari, jerga británica derivada en gran medida del italiano y utilizada desde el siglo XVIII entre artistas teatrales y de circo y en algunas comunidades gays y lesbianas; finalmente, zhuzh puede provenir del romaní zhouzhou, “limpio, ordenado”. Todas las maternidades o paternidades son válidas y legítimas.

La segunda frustración de esa visita a la Feria fue al salir del baño de caballeros, una señorita me pregunta en voz baja si no tengo pañuelos. “Pañuelos no, un pañuelo”, respondo y busco en el bolsillo interno derecho de mi saco. ¡Helo ahí!, lo ofrezco blanco y planchado, soy sir Walter Raleigh tendiendo su capa sobre el charco para que pise Isabel I. “De estos no”, dice siempre susurrando, “de papel. Le alcanzo el paquete, “me acaba de salvar la vida, en los baños no hay papel higiénico”. Ella pidió “pañuelos” y yo le ofrecí “un pañuelo”.

La vi desaparecer urgida en el baño y pensé que zhuzh (pronunciar shush), infelizmente sin traducción al español, no se aplica en cualquier circunstancia de la vida. Y, por el desenlace de la historia y la jornada, me acudió el término de Hitchcock, muy utilizado en su poética. Mac Guffin, es un elemento narrativo que permite a los personajes avanzar en la trama desviando las previsiones del espectador, para desaparecer sin dejar rastros.





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